TESTIMONIOS DE SANTIDAD

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Un libro rescata el testimonio de diez políticos católicos del siglo XX (Nro 9 -Setiembre 2005)

< A cargo Prof. Natalia Bampini>
Recientemente presentado en Madrid, un nuevo volumen editado por LibrosLibres, «El Evangelio de los audaces», propone el testimonio de diez políticos católicos del siglo XX
consciente de que sus trayectorias públicas y personales e idearios, en todos los supuestos, continúan vigentes y ejemplares


Una "modelo" de Santidad. (Nro 8 -Junio 2005)
< A cargo Prof. Natalia Bampini>

El bautismo de la modelo
«Me bautizo a los 22 años porque ahora sé que los valores católicos son los míos», dice Raquel Balencia. Testimonio de una top model internacional que ha encontrado la fe tras contactar con la Escuela de Secretariado ISSA, obra corporativa del Opus Dei.

Rianne Spoon,(Nro 7 -Abril 2005)



"La Eucaristía tuvo un papel decisivo en mi conversión"
Rianne Spoon, holandesa de 22 años y estudiante de medicina, ha sido recibida en la Iglesia Católica el pasado 12 de diciembre, en el trascurso de una Misa solemne que tuvo lugar en la catedral de Sta. Catalina de Utrecht.

De médico a sacerdote, Pere Tarres l Claret (Nro 6 -febrero 2005)
un asesor de Acción Católica en España fue beatificado por Juan Pablo ll

< A cargo Prof. Natalia Bampini>


Médico español de origen catalán que se hizo sacerdote, apóstol y formador de jóvenes: es el perfil Pere Tarres i Claret, miembro de Acción Católica (AC), a quien Juan Pablo II proclamó
beato el domingo 5 de septiembre próximo pasado en Loreto (Italia), en el momento culminante de la gran peregrinación de la asociación al Santuario mariano.

Joven, político, ingeniero y... SANTO (Nro 5 -noviembre 2004)

< A cargo Prof. Natalia Bampini>


El Papa Juan Pablo II beatificó este domingo en Loreto (Italia) al ingeniero italiano de "Acción Católica" Alberto Marvelli (1918-1946), quien brinda a la Iglesia universal una figura ejemplar para jóvenes y políticos.

Un policía en vías de beatificación (Nro 4 -setiembre 2004)

< A cargo Prof. Natalia Bampini>


Un policía en vías de beatificación El fundador de la Fundación Internacional Raoul Wallenberg ha revelado detalles sobre la vida de Giovanni Palatucci, policía italiano que dio la vida para salvar a unos cinco mil judíos durante la segunda guerra mundial, actualmente en camino de beatificación

Una mamá santa (Nro 3 -julio 2004)

< A cargo Prof. Natalia Bampini>


El domingo 16 de mayo fue canonizada por Su Santidad Juan Pablo II una mujer, esposa, profesional y madre que dio la vida por su hija en gestación.

   

SANTIDAD MATRIMONIAL (Nro 2 -mayo 2004)

< A cargo Prof. Natalia Bampini>

Los BEATOS esposos Luigi y María Corsini Beltrame Quattrocchi

Su beatificación, sin duda alguna, ayudaría a relanzar nuevamente los valores propios de una vida cristiana, tan pisoteados por una sociedad hedonista y una cultura de muerte, así como también se estaría impulsando el sentido cristiano del matrimonio como camino de santidad.


PATRONO DE LAS MISIONES SAN FRANCISCO JAVIER (Nro 1 -marzo 2004)

< A cargo Prof. Natalia Bampini>

París, agosto de 1534. En Montmartre siete amigos universitarios pronuncian una especie de voto. Es el comienzo de la Compañía de Jesús de Ignacio de Loyola. Entre ellos está Francisco, que por obediencia va a evangelizar las Indias. Llega hasta Japón frente a la gran China. Lleva siempre en su corazón los autógrafos de sus primeros compañeros de aventura.

Un libro rescata el testimonio de diez políticos católicos del siglo XX
Recientemente presentado en Madrid, un nuevo volumen editado por
George Bidault
Aldo Moro
Alcide de Gasperi
Giorgio La Pira
Konrad Adenauer
Robert Schuman
Enrique Shaw
Robert Francis Kennedy
LibrosLibres, «El Evangelio de los audaces», propone el testimonio de diez políticos católicos del siglo XX
consciente de que sus trayectorias públicas y personales e idearios, en todos los supuestos, continúan vigentes y ejemplares.

El libro -cuya intención es «asomarse a las raíces del compromiso público del católico en un tiempo aquejado por numerosas incertidumbres»- ofrece amplios cuadros biográficos de Konrad Adenauer, Balduino I de Bélgica, Georges Bidault, Alcide de Gasperi, Ángel Herrera Oria, Robert Francis Kennedy, Aldo Moro, Giorgio La Pira, Robert Schuman y Enrique Shaw.

Injustamente relegadas al olvido, son diez figuras que, explican los autores del trabajo -Gustavo Villapalos y Enrique San Miguel, doctores en Derecho y en Historia- «revistieron un extraordinario protagonismo durante el período más crítico del siglo XX a lo largo de sus décadas centrales y resultaron determinantes en el combate frente al totalitarismo, en la génesis de la integración política europea, en la creación del Estado del Bienestar en Europa o en la superación de la dinámica de bloques».

«Los testimonios de políticos que no sólo no actúan sin renunciar a sus creencias, sino que participan en la vida pública como consecuencia del imperativo moral de todo hombre de ser útil a sus semejantes, constituyen un requisito esencial a la propia vida comunitaria», reconoce a Zenit Enrique San Miguel.

De hecho advierte que «en la Europa de comienzos del siglo XXI, los testimonios de los políticos católicos son imprescindibles para la preservación del sistema democrático, y de la propia pluralidad de la vida pública».

Presidente del Partido Demócrata Cristiano, Konrad Adenauer (1876-1967) fue elegido canciller de la República Alemana Occidental en 1949 y reelegido en tres ocasiones, e integró Alemania en la Comunidad Europea.

Jefe de gobierno francés (1947-1948), Robert Schuman (1886-1963) está considerado como uno de los «padres de Europa» por su impulso a la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). Se está estudiando su beatificación.

El estadista italiano Alcide De Gasperi (1881-1954) ocupó la presidencia de gobierno de su país entre 1945 y 1953. Está en proceso de canonización.

Al frente de Democracia Cristiana en 1951, Giorgio La Pira (1904-1977) pasó a ser el primer alcalde cristiano de la ciudad italiana de Florencia. También se encuentra en proceso de canonización.

Por su parte, a Georges Bidault (Francia, 1899-1983) le tocó vivir de cerca las dos guerras mundiales y ocupó diversos cargos políticos a lo largo de su vida. Fue uno de los artífices del Plan Marshall.

Estos cinco católicos sufrieron la persecución del nazismo. Mientras que el volumen incluye la trayectoria de otros dos políticos católicos que cayeron asesinados: Aldo Moro (Italia, 1916-1978) -al frente de Democracia Cristiana, llegó a ser primer ministro entre 1963 y 1968- y Robert Kennedy (1925-1968), senador por Nueva York.

«Si los servidores públicos que afirman actuar en cuanto cristianos son verdaderamente leales a la Buena Noticia de Jesús, la persecución resulta casi inevitable», reconoce Enrique San Miguel a Zenit.

«Ya decía Óscar Wilde que, "al final, un hombre justo es un fastidio para todo el mundo". Y el testimonio católico de figuras como Adenauer, De Gasperi, La Pira y Schuman es verdaderamente abrumador», añade.

«La presencia y la participación públicas de los católicos no obedecen, no pueden obedecer -apunta-, a una visión complaciente de un mundo en el que los derechos y libertades fundamentales se vulneran sistemáticamente, comenzando por el derecho a la vida».

«La caridad es el fundamento de la acción pública -admite el co-autor de "El Evangelio de los audaces"-. Los líderes católicos de los decenios centrales del siglo XX percibieron que los discursos materialistas representaban la negación de la grandeza de la dignidad humana. Singularmente los discursos colectivistas del totalitarismo, pero también las concepciones del orden político subordinadas a las leyes del mercado».

«Por eso nació en Alemania la Economía Social del Mercado. El llamado "Estado del Bienestar", y sus políticas de equilibrio social y territorial, surgieron con los gobiernos del humanismo cristiano», prosigue.

«Pero el sueño de una sociedad más cohesionada, vertebrada por principios, y no por intereses, se extendió también a la plasmación política del universalismo cristiano, comenzando por la integración europea, básicamente protagonizada por líderes católicos, que creyeron firmemente en la fraternidad entre los pueblos como garantía de justicia y de paz. Los resultados son formidables», recuerda Enrique San Miguel.

El libro, para sus autores, estaría incompleto si se limitara a políticos dedicados a la acción partidaria. En este sentido, las figuras del rey Balduino de Bélgica (1930-1993) o del cardenal Ángel Herrera Oria (1886-1968), por ejemplo, no se constriñen en los estrictos márgenes de la acción política ordinaria.

Juan Pablo II presenta a Balduino I -rey de Bélgica desde los 21 años- como ejemplo para los ciudadanos de su país. Herrera Oria, creador del diario El Debate y de la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), fundó en 1931 Acción Popular; ordenado sacerdote en 1940, Pablo VI le creó cardenal en 1964.

Pero el libro propone además una figura como la de Enrique Shaw (1921-1962), que hizo presente el mensaje cristiano en el ámbito laboral, en el mundo de la empresa, cambiando las relaciones de trabajo, transformando la concepción de las actividades productivas, preconizando el respeto y la fraternidad. Fundó con apenas treinta años en Argentina la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas (ACDE). Está en marcha su causa de beatificación.

Son, en resumen, «diez seres humanos que encontraron en Jesucristo la fuente interior de la acción pública, el compromiso cívico y la vocación humanista en su más profundo sentido». Por eso el libro se presenta como una herramienta para la nueva evangelización de la política, de la vida académica y de la cultura.

MADRID, miércoles, 24 noviembre 2004. Fuente:www. zenit.org

UNA “MODELO” DE SANTIDAD

El bautismo de la modelo
«Me bautizo a los 22 años porque ahora sé que los valores católicos son los míos», dice Raquel Balencia. Testimonio de una top model internacional que ha encontrado la fe tras contactar con la Escuela de Secretariado ISSA, obra corporativa del Opus Dei.
Se llama Raquel y acaba de ser bautizada. Hasta ahí sería un acontecimiento habitual. Lo que ocurre es que Raquel tiene 22 años, fue Miss Gipuzkoa en 2001 y Top Model International en 2003. Y aquí empieza lo infrecuente.
Además, su bautismo fue en la catedral de El Buen Pastor en la noche del sábado al Domingo de Resurrección, y oficiado por el Obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte. «Soy modelo de profesión, pero muy pudorosa para mi vida privada», se justifica esta mujer que estudia cuarto año de Derecho en Donostia y alterna su residencia en San Sebastián con trabajos en Zinbawe o Estados Unidos.
«Mi decisión de bautizarme es muy íntima, pero me han animado a contarla en público porque puede servir para que otros reflexionen», añade con una tenue voz que contrasta con su metro y ochenta centímetros de altura.
En una sociedad como la guipuzcoana no es habitual que haya adultos que decidan bautizarse. Y menos que sean modelos con pasado de miss. ¿Por qué ahora? «Mis padres eran católicos, pero cuando nacimos mi hermano y yo pensaron que era mejor esperar a que fuéramos adultos para que nosotros mismos decidiéramos si queríamos bautizarnos o no. Consideraron que era una elección muy íntima y que debíamos tomarla nosotros cuando tuviéramos criterio para elegir». Aquella opción de los padres levantó las protestas de los abuelos, partidarios de un bautizo «convencional».

Preocupada por los demás

Raquel estudió en un colegio laico y vivió ajena a la religión católica. «A los 17 ó 18 años tenía la misma empanada mental que todo el mundo a esa edad, pero fui teniendo algunas ideas claras», explica. Así, animada por su madre, empezó su andadura como modelo en la agencia donostiarra Firts Models, y al mismo tiempo inició los estudios de Derecho en la facultad de San Sebastián. En 2000 surgió la posibilidad de presentarse a Miss Gipuzkoa; participó en el concurso y lo ganó.
«A partir de ahí tuve que compaginar la carrera y el trabajo de modelo con esfuerzo y la ayuda de los profesores, pero seguí adelante». Raquel Balencia fue subiendo peldaños y en 2003 ganó en Beirut el título Top Model International, que le abriría puertas en todo el mundo.
Ahora sigue trabajando en diversos países, de la mano de una agencia barcelonesa, aunque «el mundo de la moda no me gusta nada: disfruto en la pasarela y disfruto viajando, conociendo países y culturas, pero las leyes internas de este universo me dejan muy fría», puntualiza.
Y en una vida de glamour, apariencia frívola y más cuerpos que almas... ¿cómo aparece la inquietud religiosa? «Siempre he alternardo mi oficio con cursos sobre cuestiones que me interesan. Hace unos años hice un curso de protocolo y conocí a algunas chicas de ISSA (Instituto de Secretariado de San Sebastián) a través de las cuales llegué a Rafael Hernández, capellán de la escuela. Yo estaba en ese momento muy preocupada por los valores humanos, por la necesidad de recuperar un bien esencial, que es ser buena persona con los demás. Conecté con don Rafael y le pedí que me diera una especie de catequesis, y al final decidí bautizarme, porque comprobé que los valores en los que yo creo son los valores de la religión católica».
¿Asume que no es frecuente ver a una modelo siendo bautizada? «Hace siglos era normal que la gente se bautizara siendo mayor, cuando ya tiene uso de razón y puede elegir su religión», argumenta. «Ahora estamos acostumbrados a que los bautizos se hagan de niño y por eso puede chocar mi decisión, pero el concepto de ‘normal’ es muy relativo, porque cada cultura, cada sociedad, cada pueblo, tiene sus costumbres y piensa que las raras son las del vecino», añade Raquel.
La modelo donostiarra explica que «no todo el mundo se bautiza por las mismas razones. Yo entro en la religión católica porque lo que predicó Jesús, la bondad, la ayuda a los demás, son mis valores. Y pienso que cuanto más bien haces al prójimo, mejor te trata la vida».
¿Cómo han recibido sus compañeros del mundo de la moda su «conversión»?
«Pues la verdad es que la mayoría se enterarán leyendo el periódico, porque yo hablo muy poco de mí misma. Si he aceptado contar esta historia es porque me han animado. Quizás hay gente desorientada que puede ver la luz al conocer mi evolución», dice con timidez.
«La moda es un mundo complicado. Yo empecé muy jovencita y tuve la suerte de tener al lado a mis padres, que me ponían los pies en el suelo y no dejaban que me lo creyera del todo. Y además, siempre he entendido que una cosa es el trabajo y otra mi vida. Procuro separarlas bien».
Raquel Balencia, mientras tanto, sigue su vida. Continúa los estudios de cuarto de Derecho, en verano trabajará en Tailandia y Barcelona y, siempre que puede, se escapa a bailar tangos o hacer surf en la playa.
¿Y el futuro? «Me gusta el mundo de las relaciones internacionales. Cuando termine la carrera me encantaría hacer un master en ese campo en Estados Unidos, y luego, ya se verá». A corto plazo le espera, en mayo, la Confirmación. Antes de terminar, y aunque sea una miss bautizada, hay una pregunta obligatoria según los manuales periodísticos a una mujer así. ¿Tiene novio? «Eso prefiero guardármerlo para mí. Pero sí puedo decir que vivo muy contenta...».
Fuente: www.opusdei.org

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Rianne Spoon

"La Eucaristía tuvo un papel decisivo en mi conversión"
Rianne Spoon, holandesa de 22 años y estudiante de medicina, ha sido recibida en la Iglesia Católica el pasado 12 de diciembre, en el trascurso de una Misa solemne que tuvo lugar en la catedral de Sta. Catalina de Utrecht.
Fui a Utrecht para comenzar la universidad. Quería estudiar medicina. Necesitaba una residencia donde vivir y fui a parar a Hogeland, conocida por su clara inspiración católica. Yo había sido educada con la idea de que la fe católica era una doctrina errónea, por eso me pregunté si era razonable que fuera a vivir a Hogeland. Cosas de la juventud, elegí la
ventaja de la duda y descubrí muy pronto que las cosas no eran como me las había imaginado. Encontré un ambiente de gran libertad y respeto.
Hace año y medio una compañera universitaria se convirtió y eso me hizo pensar mucho. Me daba cuenta de que creíamos en el mismo Dios. A pesar de tener una fuerte sensación de unidad con la fe católica, había dos puntos de desunión: la Eucaristía y la manera de ver a María, la Madre de Dios.
Después de un período de estudio sobre estos y otros temas, decidí hacer la profesión de fe en la comunidad protestante a la que pertenece mi familia, aunque tuviese dificultades con algunos puntos, entre otros por el modo como veían a la Iglesia Católica.
Esta decisión de no seguir buscando y dejarlo todo en manos de Dios no me dio la paz. Las dudas no se me iban de la cabeza y estaba intranquila. En la residencia Hogeland hay un oratorio, donde muchas estudiantes van a rezar o asisten a la Misa que un sacerdote del Opus Dei celebra todos los días.
Recuerdo que no podía pasar junto al oratorio sin sentir la necesidad de entrar. Es difícil explicar los sentimientos. En la situación en la que me encontraba, me daba cuenta de que si me decidía a entrar en el oratorio y me arrodillaba ante Su Presencia en el sagrario, no podría continuar siendo protestante. Por el momento no quería comprometerme a hacerlo: no tenía
la motivación ni la seguridad de poder tomar esa decisión. No quería desobedecer ni a mi comunidad cristiana ni a mi familia, así que decidí dejar pasar el tiempo con la esperanza de que todos mis “problemas”desaparecieran.
"Dios no se cansa de esperar"
Después vino la Navidad y la claridad que esperaba encontrar en este tiempo de felicidad y descanso no se produjo . La lectura de un pasaje del libro “Por fin en casa”, de Henri Nouwen, me volvió a dar esperanza. Me hizo mucho bien leer que Dios nos quiere infinitamente, tanto que no desea de nosotros un amor obligado, sino libre. Él sabe esperar. No se cansa de
esperar.
Pero lo que jugó un papel decisivo en mi conversión fue la Eucaristía. Tenía envidia de la gente que iba todos los días a Misa. No podía imaginarme mi vida como católica sin ir diariamente a Misa. También fue importante, sin duda, encontrar en el Papa la figura de un padre, y ver
brillar el rostro de Cristo en los sacerdotes y en los católicos que he conocido.
Echando la vista atrás, no deja de sorprenderme cómo Dios ha actuado conmigo. Por un lado, porque la mayor parte de la fe católica la he aprendido tomándome un vaso de chocolate caliente con mi amiga Agnes.
Por otro lado, y reflexionando en serio, porque he comprobado en mi propia piel que Cristo vive. Si escribo estas cosas es sólo para compartir mi agradecimiento. Como dice un sacerdote que me ha ayudado en este camino hacia la fe plena, “no sólo debo estar agradecida por lo que yo he recibido, sino por lo que a partir de ahora puedo significar para otros, si soy fiel”.
Hogeland es una residencia para universitarias de Utrecht, en la que las actividades de formación espiritual están encomendadas a la Prelatura del Opus Dei.
Fuuente: www.instudo.nl/hogeland/index.html.

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De médico a sacerdote, Pere Tarres l Claret
Un asesor de Acción Católica en España fue beatificado por Juan Pablo II.

Médico español de origen catalán que se hizo sacerdote, apóstol y formador de jóvenes: es el perfil Pere Tarres i Claret, miembro de Acción Católica (AC), a quien Juan Pablo II proclamó
beato el domingo 5 de septiembre próximo pasado en Loreto (Italia), en el momento culminante de la gran peregrinación de la asociación al Santuario mariano.

El beato ya desde que era joven estudiante y médico recorrió los caminos de la santidad, y como sacerdote se dedico a una intensa actividad pastoral y trabajó, en particular, en la formación de la juventud de Acción Católica, destacó el cardenal José Saraiva Martins -prefecto de la Congregación vaticana de las Causas de los Santos- cuando el pasado 22 de junio leyó ante el Papa el decreto que abrió las puertas a esta beatificación.

También asesor eclesiástico de la asociación, Pere Tarres i Claret fue un gran educador, dicen quienes le conocieron, que sabia enseñar a amar, reconoce la Acción Católica italiana.
Originario de la ciudad barcelonesa de Manresa, donde nació el 30 de mayo de 1905, Pere Tarres i Claret era hijo de un matrimonio creyente y ejemplar formado por Francesc (mecánico de profesión) y Carme, quienes tenían dos hijas más.
De carácter alegre y abierto, amante de la naturaleza y contemplativo -describe la Santa Sede-, Pere habitualmente ayudaba en una farmacia cuyo dueño le animó a proseguir sus estudios, que había estado cursando con escolapios y jesuitas.

Gracias a distintas becas pudo entrar en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona. Mientras residía en esta ciudad, participó del Oratorio de San Felipe Neri.

Fue miembro de la Federación de Jóvenes Cristianos de Cataluña con gran celo apostólico, y tanto en la Federación como en Acción Católica desempeñó cargos simultáneamente.

Para Pere el secreto de la vida espiritual de los militantes está en la devoción eucarística y el amor filial a la Madre de Dios, recalca la biografía distribuida por la Santa Sede. Con 22 años, y con aprobación de su director espiritual, Pere hizo voto de castidad.

En 1928, después de haber concluido brillantemente la carrera de Medicina, se estableció definitivamente en Barcelona. Junto con su compañero, el doctor Gerardo Manresa, fundó el sanatorio-clínica de Nuestra Señora de la Merced en esa misma ciudad.

Se mantuvo ejemplar en la caridad y en la vida de piedad durante el ejercicio de su profesión médica. Pere jamás perdió esa alegría contagiosa que le permitía tratar con respetuosa familiaridad a los enfermos.

Durante el agitado período de la guerra civil española, refugiado en Barcelona llevaba a escondidas la comunión a los perseguidos. También actuó en calidad de médico de campaña atendiendo heroicamente a numerosos heridos, y no perdió ocasión de manifestar su fe.

En enero de 1939 volvió a su casa del frente de guerra y entró en el Seminario de Barcelona ese mismo año. Fue ordenado sacerdote el 30 de mayo de 1942.

Múltiples actividades pastorales le fueron encomendadas en sus poco más de ocho años de presbiterado. Entre estas, fue viceasistente diocesano en Barcelona de los jóvenes de la AC y asistente del centro parroquial de las mujeres y de las jóvenes de AC de la parroquia de San Vicente de Sarria.

En las distintas obras apostólicas que le encargan no le faltan dificultades que le hacen sufrir, pero el sabe responder con actitudes evangélicas de caridad, prudencia y fortaleza sembrando desde la cruz la tierra de su apostolado, apunta la Santa Sede.

De hecho, Pere Tarres i Claret dejó una huella perenne y benéfica en todos los que le trataron por actividades apostólicas.

En 1945 escribió en su Diario que se sentía sumergido en el océano del apostolado, como había sonado por tanto tiempo, con el mismo fuego y entusiasmo que, desde laico, sintió por la Federación de Jóvenes Cristianos.

Diagnosticado de un linfosarcoma linfoblastico, este beato vivió su enfermedad con una actitud de total abandono en Dios y ofreciendo su vida por la santificación de los sacerdotes.

Pasados poco más de tres meses, el 31 de agosto de 1950 Pere Tarres i Claret murió en la clínica que había fundado. Tenía 45 años. Está enterrado en la iglesia parroquial de San Vicente de Sarria.

Junto al sacerdote español, ese día Juan Pablo II beatificó a otras dos destacadas figuras de Acción Católica: los jóvenes laicos italianos Pina Suriano (1915-1950) y Alberto Marvelli (1918-1946).

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 3 septiembre 2004 (ZENIT.org http://www.zenit.org/).

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Joven, político, ingeniero y... SANTO



El Papa Juan Pablo II beatificó este domingo domingo en Loreto (Italia) al ingeniero italiano de "Acción Católica" Alberto Marvelli (1918-1946), quien brinda a la Iglesia universal una figura ejemplar para jóvenes y políticos.

El joven beato de 28 años a quien el Sumo Pontífice definió como "ingeniero de la caridad" era originario de Ferrara (Italia), donde nació el 21 de marzo de 1918. Alberto Marvelli era el segundo de los seis hijos de Alfredo, empleado de banca, y María, comprometida en el asociacionismo de la época -damas de la caridad, mujeres de Acción Católica y Oratorio salesiano-, cuya figura fue fundamental incluso en su crecimiento espiritual.
Así Alberto también participó en el Oratorio salesiano y en "Acción Católica", donde maduró su fe con una opción decisiva: "Mi programa de vida se resume en una palabra: santidad". De carácter fuerte y decidido y amante del deporte, en especial el ciclismo, Alberto oraba, impartía catequesis y demostraba celo apostólico, caridad y serenidad, según apunta la biografía distribuida por la Santa Sede. Eligió como modelo de vida juvenil a Pier Giorgio Frassati (1901-1925) -miembro de "Acción Católica Italiana" beatificado por Juan Pablo II en 1990-. Finalizados sus estudios universitarios en ingeniería mecánica en 1941, Alberto se tuvo que alistar en el ejército, puesto que Italia estaba en guerra -conflicto que él condenó con firmeza-. Fue dado de baja por tener tres hermanos en el frente. Trabajó entonces durante un breve período en la empresa de automóviles FIAT de Turín. Tras los acontecimientos que llevaron a la caída del fascismo y a la ocupación alemana del territorio italiano en 1943, Alberto regresó a su casa de Rímini. Sabía que su misión era convertirse en obrero de la caridad. Desarrolló una gran labor de ayuda a los pobres en la segunda guerra mundial y fue uno de los protagonistas de la reconstrucción post-bélica de su ciudad.
Fueron tiempos en los que el futuro beato se privaba incluso de sus zapatos para dárselos a los necesitados y se desplazaba constantemente en bicicleta desde la ciudad a los lugares donde se ocultaban los refugiados para llevarles alimentos y consuelo espiritual, según declararon testigos en el proceso de beatificación. Durante la ocupación alemana, Alberto también logró salvar a muchos jóvenes de la deportación. Después de la liberación de la ciudad el 23 de septiembre de 1945, al constituirse la primera junta del Comité de liberación, entre los asesores figura el futuro beato, con 26 años. Se le encomendó poner orden en la concesión de viviendas en la ciudad y después el área de la reconstrucción, como colaborador del Ente de Ingenieros Civiles. Alberto escribió: "Servir es mejor que hacerse servir. Jesús sirve". Cuando en Rímini volvieron a surgir los partidos políticos, se inscribió en la Democracia Cristiana, viviendo "su compromiso político como un servicio a la sociedad organizada: la actividad política podía y debía transformarse en la expresión más alta de la fe vivida", apunta la Santa Sede. En 1945 el obispo le llamó a dirigir a los Profesionales Católicos. Su compromiso se sintetizó en dos palabras: cultura y caridad. También fundó una Universidad popular y abrió un comedor para pobres, donde él mismo les servía y escuchaba sus necesidades. Como cofundador de la ACLI ("Asociación Católica de Trabajadores Italianos"), formó una cooperativa para los que se dedican a la construcción. "Alberto había hecho de la Eucaristía diaria el centro de su vida. En la oración buscaba inspiración incluso para el compromiso político, convencido de la necesidad de vivir plenamente como hijos de Dios en la historia, para hacer de ésta una historia de salvación". De ahí sacaba fuerzas "para realizar su trabajo de redención y liberación, capaz de humanizar la faz de la tierra", resalta la Santa Sede. Al anochecer del 5 de octubre de 1946, mientras se dirigía en bicicleta a un comicio electoral -era uno de los candidatos para la elección de la primera administración comunal-, un camión militar le atropelló causándole la muerte. Alberto Marvelli tenía entonces 28 años. Toda Italia lloró su desaparición. En la historia del apostolado de los laicos, la figura de Alberto Marvelli se presenta como la de "un precursor del Concilio Vaticano II en lo que se refiere a la animación y el compromiso apostólico de los laicos en la transformación cristiana de la sociedad", reconoce la Santa Sede.
Alberto Marvelli "era un joven y como joven se hizo santo"; "de esta forma Marvelli nos recuerda que la juventud no es la edad de la irreflexión, ni la edad del tiempo para quemar y desperdiciar, no es la edad de los caprichos y de las diversiones", explicó monseñor Angelo Comastri. "La juventud es el tiempo más bello en el que se puede hace el bien -reconoció en declaraciones a "Radio Vaticano"-. San Felipe Neri decía a los jóvenes de su tiempo: "¡Dichosos vosotros, jóvenes, que tenéis tanto tiempo para hacer el bien!". Alberto Marvelli lo había comprendido y recuerda a los jóvenes precisamente esta verdad". También "era un joven cristiano comprometido en política", donde "dejó un signo de limpieza, de transparencia, de dignidad, de corrección, que es un gran mensaje para los políticos de hoy. Se puede estar en política y se puede ser santo, y este es un grandísimo mensaje que viene de la vida de Alberto Marvelli", subrayó el prelado. El 7 de julio de 2003 se promulgó en presencia de Juan Pablo II el decreto de reconocimiento de un milagro atribuido a la intercesión del joven miembro de "Acción Católica", abriéndose las puertas a su beatificación. Alberto Marvelli, fue, en palabras del Pontífice "un joven fuerte y libre, generoso hijo de la iglesia de Rimini y de la Acción Católica, que concibió toda su breve vida de apenas 28 años como un don del amor de Jesús por el bien de los hermanos. Junto a Marvelli, en Loreto, Juan Pablo II beatificó también a otras dos destacadas figuras de "Acción Católica": la joven laica italiana Pina Suriano y el sacerdote español Pere Tarrés i Claret.

Fuente: ZENIT.org / Aciprensa. CIUDAD DEL VATICANO, 5 SEP 2004

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Un policía en vias de beatificación

Un policía en vías de beatificación El fundador de la Fundación Internacional Raoul Wallenberg ha revelado detalles sobre la vida de Giovanni Palatucci, policía italiano que dio la vida para salvar a unos cinco mil judíos durante la segunda guerra mundial, actualmente en camino de beatificación.


En una conferencia sobre "Los salvadores del Holocausto", Baruj Tenembaum ha aportado nuevos datos sobre la figura del antiguo comisario de la ciudad de Rijeka (hoy en Croacia), en esos años de jurisdicción italiana con el nombre de Fiume, quien entre 1937 y 1944 desempeñó su labor procurando documentos y salvoconductos falsos a los perseguidos del nazismo.

Giovanni Palatucci, nacido en 1909 en Montella, provincia de Avellino, en la región de Campania, Italia, desempeñó esta labor con la ayuda de su tío, monseñor Giuseppe Maria Palatucci, O.F.M. Conv., obispo de Campania (Campagna).

Cuando Benito Mussolini promulgó en 1938 las leyes antijudías, que incluían el confinamiento de judíos extranjeros refugiados en campos de internados. Uno de los más grandes estaba ubicado precisamente en Campania.

"Quieren hacernos creer que el corazón es sólo un músculo, para impedirnos hacer lo que nuestros corazones y religión nos dictan", dijo Palatucci refiriéndose a estas leyes, según datos de la investigación realizada por Tenembaum.

"El trabajo de Palatucci consistía en editar los papeles de residencia necesarios requeridos por la ley para refugiados. Silenciosamente comenzó a falsificar documentos y visas. Cuando Palatucci "deportó oficialmente" judíos, se las arregló para que fueran enviados a Campania, instruyendo a "sus" refugiados que contactaran a su tío, quien les ofrecería la máxima asistencia posible", revela el fundador de la Fundación.

Tras el encarcelamiento de Mussolini en 1943, las fuerzas alemanas ocuparon el norte de Italia, convirtiendo la situación en Fiume de creciente peligro para Palatucci, y mortal para los 3.500 judíos que allí se encontraban.

"En febrero de 1943, Palatucci se convirtió en el jefe de policía de Fiume y así pudo continuar su labor secreta. En vez de darle a los alemanes información sobre "extranjeros" para ser deportados, destruyó los expedientes. Cuando conoció los planes de los nazis, advirtió a la gente a tiempo, con frecuencia proveyéndola de documentos falsos y dinero para huir", revela Tenembaum.

"En junio de 1943, altos oficiales alemanes inspeccionaron el apartamento de Giovanni. Buscando información sobre residentes judíos, los únicos listados que encontraron correspondían a personas que hacía mucho tiempo habían dejado Italia. A partir de ese momento, la relación de Palatucci con sus superiores se tornó muy peligrosa", añade el conferencista.

"Un amigo cercano, el embajador suizo en Trieste, le ofreció a Palatucci un pasaje seguro a Suiza. Aceptó la generosa oferta de su amigo, pero en lugar de utilizarlo él, envió a su prometida, una joven judía. Allí pasó la guerra y hoy vive en Israel", revela.

"El 13 de septiembre de 1944 Giovanni Palatucci fue arrestado por la Gestapo, acusado de conspiración y enviado a prisión en Trieste, donde fue condenado a muerte -añade el fundador-. Empero, su sentencia fue conmutada y el 22 de octubre fue trasladado al campo de exterminio de Dachau. Su número de prisionero era el 117.826".

"Murió el 10 de febrero de 1945, pocas semanas antes de que el campo fuera liberado por los aliados, el 29 de abril de 1945 -añade-. Algunos dicen que murió de desnutrición. Otros testigos declararon que recibió un disparo. Tenía sólo 36 años".

En octubre de 2002, el cardenal Camillo Ruini, obispo vicario de la diócesis de Roma, abrió su causa de beatificación.

"En 1953, la ciudad de Ramat Gan, cerca de Tel Aviv, honró a Palatucci poniéndole su nombre a una calle. En la ocasión se plantaron 36 árboles -uno por cada año de la vida de Giovanni-", recuerda Tenembaum.

"El 17 de abril de 1955, la Unión de Comunidades Judías Italianas premió póstumamente a Palatucci con una medalla de oro", añade.

"En numerosas ciudades italianas, entre ellas Milán, Torino, Salerno, Trieste, Avellino y Roma, plazas y paseos públicos llevan el nombre de Giovanni Palatucci", recuerda.

La Fundación Internacional Raoul Wallenberg (FIRW) es una organización privada, no gubernamental, dedicada a mantener vivo el recuerdo de Raoul Wallenberg, diplomático sueco que desapareció en enero de 1945 después de haber salvado la vida de decenas de miles de judíos condenados a una muerte segura por los nazis en la Segunda Guerra Mundial.

La Fundación recuerda asimismo las acciones de los "salvadores" que arriesgaron -y algunas veces perdieron- sus vidas para salvar a personas perseguidas durante la Segunda Guerra Mundial, como Raoul Wallenberg, el nuncio apostólico Angelo Roncalli (futuro Juan XXIII), Aristides de Sousa Mendes, Jan Karski y otros.

FUENTE: www.zenit.org. BUENOS AIRES, lunes, 31 mayo 2004

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Una mamá santa


El domingo 16 de mayo fue canonizada por Su Santidad Juan Pablo II una mujer, esposa, profesional y madre que dio la vida por su hija en gestación.

Una madre de familia se encontraba entre los seis beatos que el domingo 16 de mayo el Sumo Pontífice proclamó santos: Gianna Beretta Molla (1922-1962), quien a los 39 años decidió aceptar el riesgo de morir y se negó a abortar la niña que llevaba en su seno o someterla a tratamientos que la pusieran en peligro.

"Vivió el matrimonio y la maternidad con alegría, generosidad y absoluta fidelidad a su misión", afirmó el pasado diciembre el cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación vaticana, en la ceremonia de promulgación del decreto de reconocimiento del milagro que abrió las puertas a la canonización de la heroica madre. Gianna Beretta Molla es la primera mujer de Acción Católica que será proclamada santa.

Su vida y su misión

Nació en Magenta (provincia de Milán, Italia) el 4 de octubre de 1922, en una familia de 13 hermanos. Se orientó a la profesión médica, una tradición de familia. Durante los años de Liceo y de Universidad, en los que se dedicó con diligencia a los estudios, hizo de su fe un fruto de apostolado en la Acción Católica y en la Sociedad de San Vicente de Paúl, dedicándose a los jóvenes y al servicio caritativo con los ancianos y necesitados.
Obtuvo el título de Doctor en Medicina y Cirugía en 1949 en la Universidad de Pavía y abrió en 1950 un ambulatorio de consulta en Mésero, municipio vecino a Magenta. Dos años después se especializó en Pediatría en la Universidad de Milán.

En la práctica de la medicina, prestaba una atención particular a las madres, a los niños, a los ancianos y a los pobres. En el ejercicio de su trabajo, que consideraba como una "misión", decía: "Como el sacerdote puede tocar a Jesús, así nosotros los médicos tocamos a Jesús en el cuerpo de nuestros enfermos". No descuidaba sus deportes favoritos, el esquí y el alpinismo, encontrando en ellos una ocasión para expresar su alegría de vivir.
Llegando a la conclusión de que Dios la llamaba al matrimonio, el 24 de septiembre de 1955 Gianna se casó con el ingeniero Pietro Molla -también militante de Acción Católica-- en Magenta, en la Basílica de San Martín.
En noviembre de 1956, Gianna tuvo su primer hijo, Pierluigi. En diciembre de 1957 dio a luz a Mariolina y en julio de 1959 a Laura. Lograba armonizar con sencillez y equilibrio los deberes de madre, de esposa, de médico y la alegría de vivir.
En septiembre de 1961, al cumplirse el segundo mes de embarazo del cuarto de sus hijos, se le diagnosticó un tumor en el útero. Se hizo necesaria una intervención quirúrgica. Antes de ésta, aún sabiendo el riesgo que representaba llevar adelante el embarazo, Gianna suplicó al cirujano que salvara a toda costa la vida que gestaba en su seno.
Se salvó la vida de la criatura. Gianna, dando gracias a Dios, pasó los siete meses previos al parto con incomparable fuerza de ánimo y plena dedicación a sus deberes de madre y de médico, subraya la biografía difundida por el Vaticano.

Días antes del parto, se mostró dispuesta a dar su vida para salvar la de la criatura: "Si hay que decidir entre mi vida y la del niño, no dudéis; elegid -lo exijo- la suya. Salvadlo", dijo a su marido y a los médicos.

La mañana del 21 de abril de 1962 dio a luz a Gianna Emanuela. Poco después comenzaron las complicaciones: una peritonitis séptica le provocó grandes sufrimientos. El 28 de abril por la mañana, entre indecibles dolores y repitiendo la jaculatoria "Jesús, te amo; Jesús, te amo", murió santamente. Tenía 39 años. Fue beatificada por Juan Pablo II el 24 de abril de 1994, Año Internacional de la Familia.

Ese día, Pietro Molla -actualmente tiene 82 años-- recordó a su esposa ante los micrófonos de "Radio Vaticana" como "una mujer espléndida que amaba mucho la vida; una mujer normal, pero al mismo tiempo de gran fe; una mujer rica de alegría, de personalidad, con un carácter fuerte y con el valor de vivir el Evangelio hasta el final". "Sobre todo -subrayó entonces- recuerdo su plena confianza en la Providencia y su alegría, plena y perfecta, con el nacimiento de cada hijo".
"La decisión de Gianna de ofrecer su propia vida para salvar la de su criatura tiene raíces lejanas: en el matrimonio -que sentía como un sacramento, como el sacramento del amor- y en el heroísmo de su amor materno y en su plena convicción de que el derecho a la vida del nasciturus es sagrado", añadió Pietro Molla.

El milagro atribuido a su intercesión fue experimentado por Elisabete Arcolino Comparini. A inicios del año 2000, el tercer bebé que había concebido empezó a experimentar serios problemas. En el tercer mes, la joven madre perdió totalmente el líquido amniótico. El feto, sin la protección natural, debía haber perdido la vida. Sin explicación científica, en mayo de 2000 nació la preciosa niña. Sus padres, que en aquellos días habían decidido recurrir a la intercesión de la beata, la llamaron Gianna María.
FUENTE: www.zenit.org

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SANTIDAD MATRIMONIAL


Los BEATOS esposos Luigi y María Corsini Beltrame Quattrocchi

Su beatificación, sin duda alguna, ayudaría a relanzar nuevamente los valores propios de una vida cristiana, tan pisoteados por una sociedad hedonista y una cultura de muerte, así como también se estaría impulsando el sentido cristiano del matrimonio como camino de santidad.

Vida.

María Corsini nació en Florencia el 24 de junio en 1881; mientras que Luigi Beltrame nació en Catania el 12 de enero de 1880. Ambos se conocieron en Roma cuando eran adolescentes y se casaron en la basílica Santa María la Mayor el 25 de noviembre de 1905.

Los dos fueron criados en el seno de una familia católica y desde pequeños practicaron fervientemente su fe, asistiendo todos los domingos a Misa y participando de los sacramentos. Debido a este legado, decidieron criar a sus hijos en los principios y valores de la fe católica.

En 1913, la joven familia atravesó un momento doloroso y bastante incierto cuando el embarazo de María tuvo serias complicaciones y los médicos pronosticaban que no sobreviviría al parto, ni tampoco el no nacido. Aunque los doctores manifestaron que un aborto podría salvar la vida de María, ésta consultando con su esposo, decidió confiar en la protección divina de Dios. Y, si bien es cierto el embarazo fue duro, tanto madre e hijo milagrosamente sobrevivieron. Esta experiencia llevó a toda la familia a consolidar su vida de fe y trabajar duro por sus anhelos de santidad.

María dio a luz a tres niños más; sus dos hijos varones profesaron el sacerdocio: Filippo es ahora Mons. Tarcisio de la diócesis de Roma y Cesare es el P. Paolino, un monje trapense.

La mayor de las hijas, Enrichetta, la que sobrevivió a ese difícil embarazo, constituyó un hogar según el modelo de sus padres; mientras que su hermana Stefania ingresó a la congregación de los benedictinos, siendo conocida por todos como la Madre Cecilia, y quien falleció en 1993. Los tres hermanos estuvieron presentes en la beatificación de sus padres.

La familia Beltrame Quattrochi fue conocida por todos por su activa participación en muchas organizaciones católicas. Luigi fue un respetado abogado, quien ocupó un cargo importante dentro de la política italiana. María trabajó como voluntaria asistiendo a los etíopes en dicho país durante la segunda guerra mundial. El ahora beato Luigi fue llamado a la Casa del Padre en 1951, y María, su fiel esposa, lo hacía posteriormente en 1965.

Beatificación

El Prefecto de esta Congregación, Cardenal José Saraiva Martins, señaló que era imposible beatificarlos por separado debido a que no se podía separar su experiencia de santidad, la cual fue vivida en pareja y tan íntimamente. "Su extraordinario testimonio no podía permanecer escondido", enfatizó el Purpurado.

En su homilía, el Santo Padre aseguró que los esposos beatos, durante más de sus 50 años como matrimonio supieron vivir "una vida ordinaria de manera extraordinaria".

"Entre las alegrías y las preocupaciones de una familia normal -afirmó el Papa- supieron realizar una existencia extraordinariamente rica de espiritualidad. En el centro, la eucaristía diaria, a la que se añadía la devoción filial a la Virgen María, invocada con el Rosario recitado todas las noches, y la referencia a sabios consejos espirituales". El Pontífice manifestó que los esposos "vivieron a la luz del Evangelio y con gran intensidad humana el amor conyugal y el servicio a la vida".

En este sentido, el Papa enfatizó que la familia anuncia el Evangelio de la esperanza con su misma constitución, pues se funda sobre la recíproca confianza y sobre la fe en la Providencia. La familia anuncia la esperanza, pues es el lugar en el que brota y crece la vida, en el ejercicio generoso y responsable de la paternidad y de la maternidad".

"Una auténtica familia, fundada en el matrimonio, es en sí misma una "buena noticia" para el mundo", puntualizó.

fuente: www.aciprensa.com (Testigos de fe)

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PATRONO DE LAS MISIONES SAN FRANCISCO JAVIER

París, agosto de 1534. En Montmartre siete amigos universitarios pronuncian una especie de voto. Es el comienzo de la Compañía de Jesús de Ignacio de Loyola. Entre ellos está Francisco, que por obediencia va a evangelizar las Indias. Llega hasta Japón frente a la gran China. Lleva siempre en su corazón los autógrafos de sus primeros compañeros de aventura.


En Navarra, en el castillo de la familia Xavier, el 7 de abril de 1506 nace el quinto y último hijo de Juan de Jassu y de María de Azpilcueta. Se llama Francisco. A los dieciocho años es un muchacho atlético, de fuerte temperamento y encantador. Obtiene buenos resultados en el estudio y la familia decide -con muchos sacrificios- mandarlo a la Universidad más prestigiosa del momento, la de París.
En estos años las condiciones de la cristiandad parecen graves pues la bomba protestante estaba estallando y devastando la Iglesia. Sin embargo, sabemos que en aquella situación, que a la vista podría parecer desesperada para el futuro de la Fe, había pequeñas "semillas" de las que iba a emanar una especie de renacimiento cristiano. Un observador que se hubiese hallado en la cripta de la pequeña iglesia de Montmartre, en París, el 15 de agosto de 1534, habría visto una escena normal: siete hombres que hablan entre ellos. Nada especial, a no ser el motivo de su reunión, que traslucía de su comportamiento. Se diría que -si se quiere comprender a fondo el misterio que les unía y había hecho que se reunieran allí- era lo que se estaban diciendo. Aquellos siete compañeros estaban pronunciando una especie de voto, se comprometían a servir a Jesucristo en castidad y pobreza, y a ir en peregrinación a Tierra Santa y- de no ser esto posible- irían a Roma para ponerse a disposición total del Papa. Era el día de la Asunción. Este grupo de siete hombres se llamará "Compañía de Jesús".

Las amistades.
A Francisco Javier lo hallamos también en esa cripta de París: es uno de los siete compañeros. ¿Cómo ha ido a parar allí? ¿Qué hecho especial ha sucedido a lo largo de estos nueve años que ha tocado una vida que parecía destinada a anticipar la de un Voltaire, un Casanova o un D'Artagnan?
Francisco vivía como estudiante en el colegio de Santa Bárbara. Su compañero de habitación y estudios era Pedro Favre. Francisco es exuberante y cultiva grandes ambiciones. Pedro, de su misma edad, tiene un carácter bueno y paciente. Enseguida se hacen amigos. Y como sucede a menudo en estos casos se presentan a sus respectivos amigos y conocidos. Un día Pedro le presenta a Francisco un amigo suyo, un estudiante de verdad algo extraño pues tiene unos cuarenta años. Se llama Ignacio. Éste ejerce cierto influjo sobre Pedro y muchos otros estudiantes. Al principio Francisco, que en 1530 había conseguido el diploma de maestro y comenzado a enseñar, se muestra esquivo y desconfiado. Pero poco a poco va cambiando. Ignacio, que comprende su carácter audaz y sus grandes ambiciones, lo conquistará definitivamente repitiéndole una frase del Evangelio: "¿para qué le sirve al hombre conquistar el mundo entero si luego se pierde?. De aquí comienza la conversión de Francisco, es decir, su adhesión a la compañía de Ignacio, de Pedro y de los demás compañeros.
Francisco tiene 28 años. En vida se convertirá en una leyenda. No porque buscó la aventura, sino porque vivió la obediencia tratando de hacer suyas la fe, esperanza y caridad de Ignacio. Primero sirviendo durante tres años con sus compañeros en los ambientes fétidos de las prisiones y hospitales de la época. Luego, en Roma, como secretario de Ignacio, general de la Compañía. Y por último, partiendo, para siempre, en menos de veinticuatro horas de Roma hacia los extremos confines del mundo porque se lo había pedido Ignacio.
Como un conquistador desarmado Francisco Javier dominará siempre los acontecimientos. Ya sea en guerra con los piratas, y aún más con mil enfermedades e infecciones tropicales, con el hambre y la sed, con mercaderes y negreros sin escrúpulos. Se dedica a bautizar a niños y adultos, miles y miles a la vez. Muchos kilómetros por mar, estableciendo amistades con mercaderes y gente de todo tipo para hacer conocer a Jesucristo. Escribía a sus amigos: "vivir sin gozar de Dios no sería vida, sino una muerte continua".
Pero, ¿de dónde nace tanta audacia? Francisco siempre tiene el recuerdo intenso del rostro de sus compañeros que se confunden con el rostro y el nombre de Jesucristo. De allí que cuando muere en la noche del 2 de diciembre de 1552, parece que la única compañía es la de un crucifijo y un chino al que había convertido. Pero se descubrirá que colgado del cuello llevaba un pequeño estuche: dentro una reliquia del apóstol Tomás, la fórmula de su profesión y las firmas de sus amigos que había cortado de sus cartas. No estaban lejos, los llevaba en su corazón.

Fuente: Artículo de Antonio Socci.

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